
Por Yomaira De León
Amate a ti mismo: con la misma devoción con la que esperas amor de otros; recuerda que eres la única compañía constante que tendrás en tu vida.
Amate tanto que, después de Dios, tú seas quien no te falle, quien siempre se levante a tu lado cuando todos se vayan.
Dedica tiempo a tu propio crecimiento, al silencio donde habita tu paz, y no olvides que solo cuando te amas, puedes dar amor verdadero.
Amate dedicando tiempo a tu familia, a esos momentos sencillos donde se forja el cariño.
Amate reconociendo tus errores, sin juzgarte, sino aprendiendo de cada paso.
Y al final, recuerda que lo único que nos llevamos, más allá de todo, es el amor: el amor que profesamos y el amor de Dios, que es el único que nos sostendrá.
Amate sabiendo que cada paso que das, aunque a veces sea incierto, es parte de tu viaje. Confía en tu fuerza, en tu voz, en el llamado que resuena en tu interior. Porque amarte es el primer acto de libertad, y solo así, desde ese amor, podrás brindar luz.




